El aroma del vino nos proporciona
una información valiosa
sobre sus orígenes:
- Variedad de la uva
- Sistema de elaboración y crianza
- Calidad de la elaboración
- Edad
- Evolución
El olfato, asociado a la memoria de forma
selectiva, es 10.000 veces superior al
sentido del gusto y es capaz de reconocer
y clasificar todos los productos que
se encuentren en nuestro entorno siempre
que sean solubles en nuestras mucosas
y que estén dotados de olor.
El olfato es el sentido de placer y distingue
lo agradable de lo desagradable. Con
la vista, el oído y el tacto resulta
fácil explicar las sensaciones.
Sin embargo, tenemos grandes dificultades
a la hora de discernir sobre las sensaciones
olfativas por vía nasal o retronasal.
Por ello, siempre va ligado a la sensación
gustativa. Una persona acatarrada difícilmente
puede apreciar adecuadamente la comida
o la bebida.
Al acercar una copa a la nariz, percibimos
los aromas primarios naturales que el
vino desprende de su superficie.
Al entrar en contacto con la lengua y
agitarlo en la boca, aumenta la temperatura
y se desprenden otros aromas, los secundarios,
en su mayor parte de alcoholes que recibimos
por vía retronasal.
Los aromas del vino se agrupan en series:
afrutados, balsámicos, especiados,
florales, animales, etc... Sin entrar
en todas las series, hacemos un breve
repaso a las más identificables.
- Primarios: Provienen de la uva y tienen
un carácter afrutado.
- Secundarios: Provienen de las fermentaciones.
- Terciarios: bouquet.
- de oxidación: vinos criados
en contacto con el aire.
- de reducción: vinos envejecidos
sin aire; bouquet de maduración
de envejecimiento en barrica y bouquet
de los vinos especiales
en botella.
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